
Poco a poco el estar al fondo de la botella se va convirtiendo en un hábito, una costumbre. Cuando uno cae en la botella tratas de mantenerte a flote, pataleas para poder seguir en la parte alta. Pero siempre, en algún maldito momento, uno desfallece, las fuerzas te abandonan, le pierdes el sentido al patalear... o simplemente una mano gigante le da vuelta a la botella y... ¡zas! Ya no estás arriba, ahora estás abajo.
Al principio sientes que es algo pasajero, que tus fuerzas retornarán y podrás de nuevo subir. O quizás piensas que nuevamente aquella mano que te confinó en el fondo al voltear la botella caprichosamente volverá a ponerla en su lugar, así que simplemente piensas en "disfrutar" de la estadía en el fondo.
Pero pasan los días, los meses... incluso llegan a pasar años y la antojadiza mano no vuelve a aparecer. Decides levantarte y volver a intentar encaramarte en la parte alta de la botella. Pero los años han pasado y las fuerzas ya no son las mismas... la vida ya no es la misma. Miras a tu alrededor a través de la botella y notas que aquel mundo que existía cuando estabas arriba ya no está. Lo cambiaron. Se fue transformando y no te diste cuenta.
Miras hacia arriba de la botella. Incluso hasta el cielo que mirabas antes ya no es el mismo. Tardas en entender lo que pudo haber pasado. No solo voltearon tu mundo, sino que quedaste atrapado en el tiempo, sin notar lo que iba cambiando afuera.
Cada domingo miras el periódico y te convences más que la vida te ha sacado ventaja. En un momento estuvieron a la par, pero ahora solo puedes ver el número que lleva en la espalda... y sientes que por más que corras, ya no podrás alcanzarla.
Y el tiempo sigue pasando. Y la botella sigue inmóvil. Sientes que ya has intentado todo para tratar de subir, pero todo esfuerzo se va volviendo inútil. Comienzas a pensar que si estás ahi es porque necesitas aprender algo del fondo, pero no logras entender qué. Das vueltas y vueltas en círculo, mirando a todos lados, buscando una respuesta que no aparece.
Terminas nuevamente mirando al cielo, que ya no es el tuyo. Ruegas en silencio que la arbitraria mano regrese la botella a su posición original, para al menos disfrutar de algunos momentos arriba nuevamente. Pero todo ruego es vano. Algo tienes que aprender allí abajo. Y lo más difícil es descubrir que es lo que debes aprender.
Después de reflexionar te das cuenta que tu tuviste la culpa, porque no aprovechaste el momento cuando estuviste arriba, que podías haber hecho más para mantenerte, pero te acostumbraste a mirar todo desde esa perspectiva y sin darte cuenta te fuiste hundiendo.
¿Cuánto tiempo más se debe soportar en el fondo antes de simplemente rendirse? ¿Cuántas veces debes golpearte la cara con el fondo para convencerte que ahí permanecerás? Dicen que todos merecemos una segunda oportunidad, pero no sabemos si esta llegará. Desde el fondo todo es diferente, es diferente la vida, como es diferente la muerte.
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