
la vida presente sería una burla cruel", dijo Mahadma Gandhi. Las más grandes religiones del mundo creen que esta vida es solo de tránsito. Muy pocos creen que aquí se termina todo con el último suspiro.
Uno revisa los diarios, o mira los noticieros, y generalmente se encuentra con informes de muertes brutales, elegantes, absurdas... Incluso no es necesario recurrir a los medios de comunicación, pues siempre llegan a nuestros oídos historias o chismes de la muerte de alguien a quien conocimos, o de alguien que conoce a alguien. Pero lo que realmente nos afecta son las muertes de personas a quienes conocimos directamente, y que se fueron sin despedirse, o que se las llevaron sin avisarnos.
Un amiga me comentaba sobre amistades suyas que murieron de cáncer (recuerdo que hace algunos años atrás esa era una enfermedad rara, y ahora es tan común), de cómo enfrentaban la vida después de saber que tenían esa enfermedad, me mostró los blogs que habían creado. Hasta que la enfermedad simplemente se las llevó. Particularmente pienso que el cáncer no triunfa, pues la persona se va a otro plano donde ya no sufre más, en cambio el cáncer se queda en el cuerpo para morir con él.
Vienen a mi mente recuerdos de cuando perdí seres cercanos. Mi abuelo paterno se fue cuando yo era pequeño, en ese entonces ni siquiera me ponía a pensar en eso. Simplemente era algo que pasó.. Debí despedirme y no lo hice. Hace unos años también se fue mi abuela materna, y sentí que así debía ser, que había estado más tiempo del que debió estar por aquí, pues un derrame cerebral la tuvo incapacitada por varios años... pude despedirme y no lo hice.
Hace poco me enteré de la muerte de una amiga. A ella no se la llevó una enfermedad. Se la llevó la maldad incomprensible que habita en algunos hombres. No pregunté detalles de su partida, pues la noticia me afectó más de lo que esperaba. A veces pienso que no era su momento, que fue la maldita casualidad que hizo que estuviera en el lugar incorrecto en el momento incorrecto. Tuvo la suerte de dar vida antes que le arrebataran la propia. Me consuelo en la fe, pensando que quizás en otra vida ella se la arrebató a alguien, y esta vez le tocó a ella reponerla y que se la quiten. Pero ni siquiera eso hace que mi mente se abra para entender lo que le pasó. De ella tampoco me despedí.
Hay muertes absurdas, naturales, terribles, increíbles... pero "si la muerte no fuera el preludio a otra vida, la vida presente sería una burla cruel", decía Gandhi. Y ahora que pienso en todo lo antes mencionado, espero de todo corazón que así sea.
Y a quienes ya se fueron, solo les digo hasta pronto. Hasta pronto, Jen.
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